sábado, 12 de abril de 2014

María Orfelina Guerra Guerra





Me critican por no asistir a ninguna de la etapas de tu muerte : Velorio, funeral, entierro.

Pero ya nos habíamos despedido, una semana antes, guardo unas fotografías como mudas testigos de aquel encuentro, en tu casa en la comuna de Lo Prado, y de nuestra separación. En ese o aquel encuentro-separación estaba Marcela y Sergio.



Se marchó fastidiada con la especie humana, tanto que no quiso reparar su corazón al momento de la primera falla, momento en el cual este órgano no lograba hacer el nexo vital y la dejaba inconsciente, sin recuerdos casi, desde esos momentos es que su vida comenzó a precarizar, esto unido a su enfermizo celo y exagerada desconfianza hacia personas que no fueran tus hijos e hija. Un rencor terrible hacia tus nueras, una fuerza indómita que no lograbas contener. Eran muchos los indicios, las referencias que te llevaron a estar sola, a pesar de tener muchos hijos, nietas, nietos, parientes cercanos... Que gustosos hubiesen estado a tu lado, pero tu idiotez te era insuperable.



No fue tu vida un lecho de afectos y cariños, no fue una estancia placentera, obligada como estuviste, desde tu nacimiento, tal vez antes de aquel prodigio, a una vida “llena de esfuerzo, trabajo y privaciones” según tus propias palabras corroboradas por tu experiencia y la mía, durante los 19 años que compartimos la misma casa.



Sin duda que tuviste que asumir la literalidad de tus apellidos, Guerra-Guerra convirtiéndote en una guerrillera solitaria en la gran capital de Chile contra el adversario “terrible de tacaño” llamado patrón-capataz-dueño.



Una niña de trece-años apta para la servidumbre puertaadentro, 13 años y a barrer, fregar, cocinar.

Lavar altos de ropa sucia, para la señora, para el señor, los niños, las niñas de la mansión. Nadie te quiso ayudar de verdad y sin embargo ayudabas tú a quien te lo pidiera, amamantando con nutridos pechos pequeños niños ajenos. Tuviste una fortaleza extraordinaria María..



María de 80 años ida

María 6 veces maculada, María...



Dispénsame por no ir en el cortejo fúnebre de despedida, seguro que comprendes, disculpa mi ausencia y la de mi hijo... él quería ir...

Uno de estos días iré a Santa Cruz, luego veré si de paso por Chimbarongo veo a quien fue tu hermana, tu hermana la Flor y a su hija, mi prima Elvira. Sin querer iré donde nunca fui, al origen de tu vida, pequeña guagua pikunche, pichilamien niña.



Iremos con Marcela, a quien hace 28 años te presenté

¡Muy linda! - esclamaste al verla-, ella sigue, mamá, siendo muy linda. Iremos a ver a una señora que quiere que conozcamos sus obras de pintura sobre género ¿Recuerdas que me alentaste para asistir, me acompañaste a un taller de enseñanza de pintura?

Yo lo recuerdo, siempre recordaré tu respaldo para que continuara mis instintos creativos.



Lo peor de tu muerte es que ya no pueda verte, el pensar que ya no existes; mas la leyenda se escribe de nuevo María Guerra y creo que nunca escribí como hoy tantas veces tu nombre, lo escribo para recordar tu ser viviente, todo ese ser que conocí y para saber que aún así, a pesar de tu inexistencia, vives y vivirás conmigo.



María la O, la Orfelina, fue de invierno a invierno,

María de otoño como una gran hoja tu vida

cae en un viento leve

suave sobre la tierra

cuando el biológico corazón renuncia

a seguir marcando el pulso... el paso,

el ritmo de la respiración,

sé que no querías estar

piantada, piantada

sola solita solitaria.

No quisiste chips

la medicina no te convenció, ni los hospitales, ni las enfermeras

¿Para qué seguir viviendo?

- Bueno tienes... hijos, hija... nietas...

- Si Dios me quiere llevar allá iré, cuando Él quiera, nuestro Señor...

Oboe y guitarra acústica para el viaje mamá, oboe tenue para tu oído que no fue torvo, guitarra para tus manos hábiles.



13 años plenalunio púber con todos los derechos conculcados, vidalita... el derecho a ser, a ser niña, a estudiar, ¡estudiar ya no como un derecho! Si no, como una manera de descubrirse, descubrir todas tus facultades plenas, a estar, correr en un patio de recreo, a desarrollar, a conocer, a leer y escribir, dibujar y pintar, a tener una simple oportunidad no laboral, una oportunidad para vivir.



Tú que no tenías nada, aparente, le diste esa oportunidad a 6 personas. Meliche, meliche, meliche, meliche.

¿Sabes por qué empecé a escribir? Porque recordé que tu guiabas mi mano, para que la letra me quedará redondita... ese fue el inicio, mi inicio fuiste tú, inicio de toda mi vida, de toda mi existencia

madre-mamá-mami-mamita.




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